02·12·2018

ADVIENTO significa VENIDA. Pero… Venida ¿de quién?

Para nosotros cristianos…. Es la VENIDA de alguien muy especial, es la VENIDA de JESÚS.

Se llama ADVIENTO a las cuatro semanas que preceden a la NAVIDAD. Es un tiempo de preparación, de acogida, de cambio, de sencillez, de espera, de humildad.

La meta del Adviento es la Navidad: Celebrar y contemplar el nacimiento de Jesús en Belén.

Él ya vino y nació en Belén. Se hizo uno de nosotros y llegó pobre y con humildad. Vino como uno de nosotros y nos ha enseñado que es DIOS-CON-NOSOTROS.

El ADVIENTO nos invita a vivir el presente, nuestro tiempo como tiempo de compartir, de amistad, de alegría, de hacer el bien y valorar a los demás siendo buenas personas. Nos invita a vivir siempre vigilantes, caminando por los caminos de Jesús, en la justicia y en el amor.

También el Adviento nos invita a prepararnos para ser mejores personas, más amables, más generosas, más humanas, más acogedoras y hacer de nuestro mundo un lugar donde todos puedan vivir en amor y paz.

Si vivimos el ADVIENTO con ilusión y esperanza, viviremos la Navidad con más sentido, con más profundidad, alegría y sencillez y Jesús encontrará una “cuna” especial en nuestro corazón.

 

Por ello, el Papa Francisco dice que durante este tiempo litúrgico, es necesario estar despiertos y orar: es así como se vive este tiempo desde hoy hasta la Navidad. “El sueño interior nace de girar siempre en torno a nosotros mismos y de quedar bloqueados en el encierro de la propia vida, con sus problemas, sus alegrías y sus dolores. Aquí yace la raíz del letargo y la pereza de que habla el Evangelio. El Adviento – señaló el Pontífice – nos invita a un compromiso de vigilancia, mirando fuera de nosotros mismos, ampliando nuestras mentes y corazones para abrirnos a las necesidades de nuestros hermanos y al deseo de un mundo nuevo”. Es el deseo de muchos pueblos martirizados por el hambre, la injusticia y la guerra; es el deseo de los pobres, los débiles, los abandonados. Este tiempo, agregó el Papa, es oportuno para abrir nuestros corazones, para hacernos preguntas concretas sobre cómo y por quién donamos nuestras vidas.

“El Adviento es tempo oportuno para abrir nuestros corazones, para hacernos preguntas concretas sobre cómo y por quién donamos nuestras vidas”